241. JUEGO DEL GATO Y EL RATÓN
César por un momento guardó silencio, no quería tomar con su padre la molestia y frustración que estaba sintiendo con lo sucedido esa noche. Pero ahora al ver lo cerca que estuvo de perder a su pequeño, no se pudo contener.
—¡Esa mujer arrodillaba a Javier todas las noches como castigo de que no fuera a nuestra habitación, y no solo eso! La señora Azucena lo escuchaba al final del pasillo, y Sofía y yo a su lado, no. ¿Qué quiere decir eso? ¡Alguien estuvo dándonos somníferos para no oírlo!