Mía y su madre expresaron su gratitud, abrumadas por la generosidad y la amabilidad que les mostraban. Fenicio, por su parte, se mantuvo sereno pero agradecido por la acogida.
—Parece que estamos en un cuento de hadas —susurró Mía a Sofía, quien asintió sonriendo.
—Sí, ¿verdad? Y ni quieras saber cómo nos recibieron —le contó de igual manera.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Mía llena de curiosidad.
—El mayordomo nos anunció como Sir César y yo Lady Sofía, ja, ja, ja…—rió suavemente mirand