170. UNA MUJER EN CASA
Fenicio asintió con una sonrisa al escucharla decir nuestro jefe, un poco sin aliento por el beso.
—Sí, acabo de llegar—, respondió, su voz teñida de la calidez que Mía siempre parecía evocar en él. —Y sí, todo está en orden en la casa del jefe.
Observó a Mía con una mirada suave, agradecido por la paz que ella le brindaba en medio del caos.
—Gracias, Mía—, añadió, su voz apenas un susurro. —Tu presencia aquí... significa más de lo que te imaginas.
Ella sonrió al ver su expresión de asomb