Alexander se quedó en silencio, dejando que sus palabras se asentaran entre ellos. Había dicho su verdad, había admitido su error. Ahora, todo lo que podía hacer era esperar y ver si Elvira estaba dispuesta a darle una oportunidad para enmendar sus errores y demostrarle que su amor por ella era real.
Elvira, impulsada por un torrente de emociones, se acercó a Alexander y apoyó su cabeza en su pecho. Él la envolvió con sus brazos, un gesto lleno de amor y anhelo. En ese instante, sus ojos cayer