Catalina Stuart
—¿Cuánto tiempo pensaste que tardaría en enterarme, Demian?
Él alza la vista lentamente.
—Mi amor…
—No. Nada de amor. —Mi voz tiembla, pero no retrocedo sin importarme quienes estén presentes—. ¿Cómo que enviaste a mi hijo lejos?
Demian aprieta el puente de su nariz, un gesto breve, contenido, como si midiera cada palabra antes de soltarla.
—Respóndeme —exijo.
—Era necesario.
Se levanta de golpe rodea el escritorio se acerca y toma mis manos entre las suyas, firmes, posesivas. C