Mariana Carbajal
El aire se vuelve irrespirable. Mi padre no aparta la mirada de Denn, y esta vez ya no hay contención en sus palabras.
—¿Sabes cómo se llama lo que hiciste? —dice, dando un paso más—. Secuestro.
Siento que el mundo se detiene.
—¡Papá, no! —intervengo de inmediato.
—Tú no hables, Mariana —responde sin mirarme—. No cuando claramente no estás pensando con claridad.
Denn no se mueve. No retrocede.
—Entiendo por qué lo ve así —dice con calma—. Pero Mariana nunca estuvo en contra de