Denn Stuart
El tercer día es cuando entiendo que esto no es entrenamiento para encaminarme por el buen camino propio de mi padre.
Es castigo sin golpes.
El cuerpo duele de maneras que no reconozco: músculos que tiemblan por control, no por fuerza; pulmones que arden por respirar lento, no por correr. Aquí no empujan al límite físico. Lo entiendo justo antes. Una y otra vez.
—Otra vez —dicen—. Más despacio.
Odio esa palabra.
Por la noche, cuando el cuerpo por fin se rinde, mi mente despierta. Re