Mariana Carbajal
El silencio se transforma. Se vuelve más suave… más llevadero.
Sigo cerca de él, lo suficiente para sentir su respiración acompasarse con la mía. Poco a poco, la tensión en mi cuerpo empieza a ceder, como si sus palabras hubieran encontrado el lugar exacto donde calmarme.
No digo nada tampoco hace falta Denn no se aparta. Su mano sigue sosteniendo la mía, firme… presente.
Abro los ojos despacio y lo observo.
Hay algo distinto en su expresión. No es solo intensidad… es cuidado.