Catalina Abrego Stuart
—Disculpa si me muestro decepcionada —suspira, negando con la cabeza—. No eras a quien esperaba.
La mujer sentada al otro lado de la mesa mantuvo aquella mirada calculadora. Su sonrisa fingía amabilidad, pero sus ojos revelaban algo muy distinto.
—Si esperas a mi marido, déjame ahorrarte la espera. Demian no vendrá.
La expresión de Helen se endureció al instante.
—¿No? —preguntó, poco convencida.
—No. Y si estabas esperando que él apareciera para hablar contigo, seguirás