Mariana Carbajal
Era casi el final del día cuando decidí detenerme en la cafetería del edificio para tomar un café antes de regresar a casa. La jornada había sido intensa, pero llena de aprendizaje. Necesitaba ese pequeño momento para mí, una pausa en medio del torbellino.
Mientras esperaba mi pedido, alguien se apoyó a mi lado en la barra. Al girar la cabeza, casi me choco de nuevo con esa presencia inconfundible.
—¿Otra vez tú? —digo con una sonrisa juguetona, tratando de disimular el nerviosismo que me provocaba.
Denn me devolvió la sonrisa, menos formal, más relajada.
—Parece que el destino insista en que nos crucemos —contesta—. ¿Te molesta?
—Para nada —respondo, sintiendo que el aire a mi alrededor se hacía más ligero—. Solo que me está costando acostumbrarme a esta rutina.
Él asintió, tomando su café mientras buscaba un lugar para sentarse.
—¿Primeros días pronto te acostumbras? —dice sin dejar de estudiarme con la mirada removiendo mariposas en mi estómago, aunque quiera negar