Demian Stuart
La puerta de mi oficina se abre sin previo aviso y deja pasar a uno de los grandes amores de mi vida. Catalina entra con esa sonrisa que siempre anuncia felicidad en mi vida desde que nació.
—Hola, papá.
Rodeo el escritorio para recibirla entre mis brazos. Mi niña… tan idéntica a su madre en apariencia, pero a mí en todo lo demás. Durante años la familia decía, medio en broma, que Caty era mi versión en femenino. Al principio me causaba gracia; con el tiempo, ella misma se encargó