Mariana Carbajal
Los días transcurrieron en su ausencia y, con ellos, muchas cosas cambiaron. Salí del hospital mucho mejor, aunque mis padres seguían insistiendo en que me mudara de nuevo a casa. Me resistí. No quería sentirme vigilada todo el tiempo.
Por ahora me había concedido una tregua en la lucha; aun así, la advertencia de mi tío Gregory seguía pesando en mi memoria.
—Mariana, entiendo esa necesidad tuya de demostrarte que puedes sola —dice—, pero también debes aprender a detenerte a ti