Denn Stuart
Durante los días siguientes hasta Catalina, mi hermana, se ha dado cuenta de que algo ha cambiado en mi actitud suerte que es ella no mi madre o padre. Con una mueca burlona en los labios, no tarda en preguntarme, casi a modo de broma, por qué últimamente me nota tan sonriente.
No es común en mí tener ese tipo de “sonrisitas tontas”, como ella las llama, así que su curiosidad se despierta. Aunque intenta aparentar indiferencia, su tono revela que está atenta a cualquier detalle fuera de lo habitual. Por primera vez en mucho tiempo, mi felicidad se hace tan notoria que incluso Catalina, experta en leerme, lo percibe sin dificultad.
—Se trata de Mariana verdad… dime estoy en lo cierto finalmente arreglaste tú desastre con ella —pregunta animada.
—Puede ser… —respondo, dejando a Catalina visiblemente inquieta. Conozco bien a mi hermana y sé que su curiosidad supera cualquier límite; es una característica tan arraigada en ella que, cuando intentas ocultarle algo, se vuelve esp