Demian Stuart
El eco de sus palabras queda suspendido en el aire mucho después de que Catalina se aleja.
A tu hijo. Y a mí.
No recuerdo la última vez que alguien se atrevió a hablarme así. Mucho menos ella. Apoyo ambas manos sobre el respaldo del sillón, respirando hondo, intentando ordenar la mezcla de ira y desconcierto que me aprieta el pecho.
No entiende. Nunca lo ha hecho.
Esto no es crueldad, es previsión. El mundo no se sostiene con sentimientos; se sostiene con acuerdos. Con alianzas. C