Mariana Stuart
Habían pasado muchos años, pero aún recordaba cada detalle de la mansión Ábrego. Era elegante, sí, aunque de una elegancia cálida, acogedora; de esa que, sin saber por qué, me hacía pensar en mi hogar en México. Aunque era muy pequeña cuando salimos de allí de un día para otro rumbo a Estados Unidos, los recuerdos se negaban a desaparecer y seguían vivos en algún rincón de mi memoria.
Desde entonces había transcurrido una vida entera. La familia de Denn nos cobijó como si fuéramo