Mariana Carbajal
Avanzamos rápidamente entre los estrechos corredores del edificio intentando alejarnos de las voces que se aproximan detrás de nosotras.
Mi respiración sigue acelerada, pero obligo a mis piernas a continuar Eliza se detiene de golpe frente a una puerta entreabierta.
—Entra.
Obedezco de inmediato cerrando la puerta con cuidado tras nosotras. La habitación parece una antigua oficina abandonada; hay escritorios cubiertos de polvo, papeles tirados y el olor a humedad impregnándolo