Mariana Carbajal
Esa mujer no volverá a ponerle un dedo encima a Denn.
Jamás.
Eliza se aproxima lentamente a la puerta metálica revisando el cargador de su arma una última vez.
—Debemos hacerlo rápido —susurra—. En cuanto entren los demás hombres estaremos rodeadas.
Tomo aire profundamente intentando reunir valor del otro lado aún pueden escucharse las voces.
Helen.
No Cristina.
Helen.
La verdad golpea mi cabeza con fuerza. Todo este tiempo la mujer que destruyó la vida de los Stuart seguía viv