Mundo de ficçãoIniciar sessãoMariana Carbajal
Seis meses antes
Hoy el club celebra su noche de fantasía. Todos —meseros, bailarines, clientes— debemos llevar antifaz. El misterio es parte del encanto. Ajusto la media en mi muslo y sonrío al reflejo que me devuelve el espejo del camerino.
La joven que veo reflejada en el espejo es completamente distinta a la que fui alguna vez…
Hace tiempo dejé de ser aquella adolescente tímida del colegio. En la universidad fui discreta, pero esa etapa también quedó atrás. Ahora soy una mujer distinta: fuerte, segura, capaz de tener a cualquiera a mis pies con solo una sonrisa.
—¿Mariana, lista para salir? —pregunta Raquel, mi mejor amiga. Ella junto a Patrick siempre me cubren las espaldas para que mis padres no descubran en qué invierto mis noches.
—Sí, estoy lista —respondo, bajando el corto vestido que apenas cubre mis muslos.
—No olvides el antifaz. Nadie debe reconocerte. Nunca sabemos quién puede venir —me recuerda con seriedad.
—No te preocupes, Raquel. Mis padres jamás se atreverían a pisar un lugar como este, y mucho menos alguien que conozca a mi familia —le digo con seguridad.
Ella suspira, pero insiste:
—Por tu bien y por el nuestro espero que tengas razón. No quiero perder mi cómoda vida si tu padre llega a descubrirlo. Porque honestamente jamás he entendido esta manía tuya de llevar una doble vida siendo la heredera de los Carbajal. Te imaginas que puede suceder si tus padres se enteran Mariana.
Intento calmarla, aunque en el fondo sé que tiene razón. Mi padre es un abogado estricto, chapado a la antigua. Mi madre, igual de exigente como sobreprotectora. A diferencia de mi mellizo, yo siempre fui la rebelde, la oveja negra de la familia.
¿Por qué lo hago? Es la pregunta que siempre me hacen mis amigos, y aunque nunca respondo, en el fondo sé perfectamente la razón. Dentro de mí, hay una respuesta clara y un nombre que se repite una y otra vez.
Lanzo una última mirada al espejo antes de seguir a Raquel fuera del camerino, mientras el rostro de ese hombre, capaz de destrozar mi corazón, se dibuja con nitidez en mi mente.
Denn Stuart
—Denn, ¿por qué continúas torturándote de esa manera? —me pregunta mi hermana—. Sabes que ella no quiere verte. Insistes cada vez que regresas en vacaciones, siempre lo mismo: la buscas sin parar. ¿Acaso su indiferencia no es suficiente? No digo esto para lastimarte, hermano, pero han pasado muchos años sin ningún avance. Sabes la razón mientras Cristina siga en tu vida como una constante, nada cambiará —insiste Catalina.
—Solo es una amiga —Murmuro
—Eso debes aclarárselo a ella hermano porque estoy segura que Cristina tiene otra idea de su relación —Me refuta mi hermana Catalina.
Aunque sus palabras son duras, tiene razón. Necesito terminar con esta tortura que arrastro desde los dieciocho años.
Horas después…
—Vamos, Denn, compláceme, ¿sí? Todos en la universidad comentan que ese club está de moda. Además, prometiste acompañarme estas vacaciones. ¿O solo lo dijiste para librarte de papá y mamá? —protesta Cristina con una sonrisa coqueta.
Durante años ella siempre encontraba la manera de seguir en mi vida. Nos conocimos en el colegio; después, nuestros caminos se separaron: ella se quedó en Nueva York, yo viajé a Inglaterra. Entre quienes permanecieron en Estados Unidos estaba también… mi Mariana.
Mariana, que dejó de hablarme tras un malentendido en el colegio. En vacaciones me evitaba a toda costa, incluso en reuniones familiares.—Entonces, ¿iremos con los chicos? Todos esperan por nosotros —insiste Cristina.
Guardo silencio. Para ser honesto, lo único que deseaba era buscar a Mariana. Verla unos segundos a escondidas, sin que me descubriera. A eso me había reducido: contemplarla desde lejos y lamentar la estupidez que nos separó.
Todavía recuerdo la furia en su mirada. Esa noche quise defender mi inocencia, pero ella se negó a escucharme. Desde entonces, me trata como a un desconocido.Por la noche, en el club…
El lugar estaba lleno de luces, música y risas. Todos llevábamos antifaces, reforzando el aire de misterio. Para mis acompañantes era diversión pura; para mí, un tormento. Nunca me han gustado estos ambientes, y mi madre siempre bromeaba diciendo que en ocasiones me comportaba más como un anciano que como un chico de veintiún años.
—¡Wow! Pero qué belleza de chica… Denn, ¿estás viendo lo mismo que yo? Es la criatura más hermosa que mis ojos han visto —exclama Jack, mi amigo inglés—. Me cambio de universidad por ella, hermano.
—Por favor, Jack, no es para tanto —replica Cristina con evidente resentimiento.
Ellos discuten, pero mis ojos ya están fijos en la bailarina del escenario. Una joven con un cuerpo admirable, sí, pero lo que me paraliza es su rostro.
Mi corazón se detiene un instante y luego late con furia. Sin pensarlo, me acerco a la plataforma, incapaz de creer lo que veo.Es ella.
Mi Mariana.






