Marcelo Carbajal
El avión ni siquiera ha terminado de detenerse cuando ya estoy de pie.
No espero.
No pienso.
Solo avanzo.
España.
El maldito lugar donde decidió esconderla mi mandíbula se tensa mientras atravieso el aeropuerto, ignorando todo a mi alrededor. No vine a admirar paisajes.
Vine por ella.
El teléfono vibra en mi mano. Una dirección. Sonrío sin humor.
—Así que ahí estás…
Minutos después, el auto se detiene frente a la propiedad.
—Señor, llegamos —me avisa el chofer
Mi mirada se pier