El amanecer comenzaba a filtrarse por las rendijas de las cortinas, tiñendo la habitación de un gris melancólico que hacía que la realidad golpeara con más fuerza. Lucas, con una ternura que contrastaba con la ferocidad de la noche, jugaba con el pecho de Ava, trazando círculos lentos, como si intentara memorizar cada curva antes de que el mundo se las arrebatara.
De repente, un sollozo ahogado rompió el silencio. Lucas levantó la mirada y encontró a Ava con los ojos inundados en lágrimas, su