El campus de Yale amaneció envuelto en una neblina grisácea que apenas dejaba pasar la luz, pero dentro de la oficina de Lucas, el aire estaba a punto de arder. Ava entró con paso firme, lanzándole una mirada cargada de suficiencia, todavía saboreando la victoria de la cena anterior. Se sentó en el borde de su escritorio de roble, cruzando las piernas con una elegancia que gritaba desafío.
—¿Y bien, Dr. King? —dijo ella, arqueando una ceja—. ¿Me llamó para darme una tutoría privada sobre la "re