El silencio en la oficina después de aquel primer encuentro era casi tangible, cargado de una electricidad que no se disipaba. Lucas se separó de ella con movimientos lentos, casi reacio a romper el contacto. Se quitó la protección con una eficiencia silenciosa, deshaciéndose de ella mientras sus ojos grises seguían fijos en los de Ava, que permanecía apoyada contra la pared, con el pecho subiendo y bajando con violencia y los labios entreabiertos.
—Venganza cumplida, pecas —susurró Lucas, su v