Han pasado dos meses. Sesenta días de un invierno que se instaló en mis huesos y se negó a marcharse. Sesenta días despertando en una casa que huele a su ausencia, recorriendo pasillos donde su risa todavía resuena como un eco de tortura. Richard ha dejado de preguntar; Beatriz ha guardado las fotos de Ava como si enterrara un cadáver, y Erick... Erick simplemente se hundió en el alcohol y las amenazas legales.
Pero yo no. Yo morí el día que ella dejó ese velo en el diván.
Me encontraba en Seat