(Punto de vista de Chris)
La cargué en brazos como si no pesara nada, y en realidad, en ese momento, Leila no pesaba.
Era puro fuego envuelto en piel suave y un vestido amarillo que ya me estaba estorbando.
Cerré la puerta de la habitación principal con el pie, sumergiéndonos en la penumbra apenas rota por la luz plateada que entraba desde los ventanales que daban al muelle.
La cama king size nos esperaba, impecable, oscura, como hecha para este preciso instante.
La deposité con cuidado en e