El zumbido sordo y persistente de un celular vibrando sobre una superficie de madera cortó de golpe el sueño de Leila, arrancándola de una negrura sin imágenes.
Abrió los ojos con pesadez, parpadeando con dolor ante la luz del día que se filtraba sin piedad por los enormes ventanales del piso de Chris.
Por un segundo, la desorientación la mantuvo flotando en una falsa calma, pero el ruido insistente la trajo de vuelta a la realidad.
Provenía de su cartera, tirada en una esquina del suelo de l