Leila despertó en medio de la noche con el cuerpo aún sensible y el recuerdo de lo ocurrido en el sofá latente bajo la piel.
La habitación estaba en penumbra, apenas iluminada por la débil luz que se filtraba entre las cortinas.
Chris dormía a su lado, desnudo, con un brazo tendido sobre su cintura.
El calor de su cuerpo era reconfortante, pero el deseo que aún ardía en ella no le permitió quedarse quieta.
Se incorporó un poco y lo miró. Su perfil se veía más suave en la oscuridad, lejos de