Leila se quedó mirándolo mientras el sonido obsceno de la mano de Chris navegando entre su humedad resonaba en toda la habitación.
El roce de sus dedos gruesos contra sus pliegues hinchados era deliberadamente lento, provocador, y cada movimiento arrancaba un nuevo hilo de excitación de su cuerpo.
—Así es —le confirmó ella, porque Chris tenía razón. No tenía suficiente de él. Nunca parecía tener suficiente.
Sus ojos se encontraron. Los de él estaban completamente llenos de lujuria, oscuros y v