El aire fresco del salón rozó el centro expuesto y ya húmedo de Leila, provocándole un escalofrío.
Sin apartar los ojos de los de ella, Chris inclinó la cabeza y pasó la lengua en una larga y lenta lamida desde su entrada hasta el clítoris.
Leila soltó un grito sofocado y se agarró a los cojines del sofá.
Chris gruñó de satisfacción al saborearla y se dedicó a su tarea con concentración absoluta.
Su lengua dibujaba círculos firmes alrededor del clítoris hinchado, alternando con succiones rí