El horror invadió a Leila de una manera tan súbita y violenta que sintió el impacto físico en el centro del pecho.
El parque, el césped verde, el cielo que se teñía de tonos rojizos y hasta el eco lejano de las risas de Emily parecieron distorsionarse, perdiendo toda nitidez.
Se quedó estática, con las manos suspendidas en el aire, sintiendo cómo el frío de la sospecha se transformaba en una certeza devastadora que le helaba la sangre.
Miró a Delia, buscando desesperadamente en sus ojos algu