El sol de la tarde comenzaba a teñir el cielo de matices anaranjados cuando el coche de Chris se detuvo frente a las inmediaciones del parque arbolado en el que siempre se hacían las visitas.
En cuanto Leila puso un pie fuera del vehículo, alisando los pliegues de su vestido amarillo, recorrió el lugar con la mirada hasta que la vió.
En el parque, Leila reconoció a Emily al instante, incluso entre tantos niños.
Le asustó notar que la niña se veía agotada y más delgada.
La ropa le quedaba nota