La noticia abrupta golpeó a Leila como un puñetazo seco y despiadado en pleno estómago.
Fue un impacto tan brutal y ensordecedor que, por un segundo, sintió como si un automóvil a toda velocidad se hubiese estrellado directamente contra ella, deshaciéndole los huesos y dejándola sin pizca de oxígeno en los pulmones.
El suelo pareció balancearse bajo sus pies y el aire del parque se volvió denso, casi sólido, asfixiándola.
Sintió, con una nitidez espantosa, como si todo su mundo colapsara en u