Sienna miró sobre su hombro y luego de regreso a los vestidos, tratando de ocultar su sonrisa. Los dos hombres parados a unos metros detrás de ellas vestían ropa informal, pero no pasaban desapercibidos. No con su contextura o por la forma en la que estaban parados, con las manos detrás de la espalda y la espalda recta.
—Mi hermano se toma muy en serio tu seguridad —comentó.
—Creí que no necesitaría de más guardaespaldas ahora que mi padre está preso y Allegra muerta —dijo Serena, revisando lo