Kassio concluyó la reunión y, uno a uno, los asistentes fueron abandonando la sala de juntas, dejándolo a solas con Domenico.
—No parezcas demasiado emocionado —comentó su amigo, con ironía.
—Tengo demasiado con qué lidiar y la verdad no tengo ganas de viajar.
—Y supongo que tampoco quieres alejarte de Sienna. —Una sonrisa apareció en el rostro de su amigo.
Los viajes de negocios nunca lo habían entusiasmado, pero tampoco le molestaban. Sin embargo, ahora los odiaba. No le apetecía en lo más mí