Maxim soltó un suspiro de cansancio y recostó la cabeza contra el asiento del coche.
—A casa —ordenó, cerrando los ojos.
—Por supuesto, señor —respondió su conductor, y poco después se escuchó el suave rugido del motor.
Había tenido un par de días agitados. El día después de Navidad, su asistente le informó que había surgido un problema con uno de sus clientes y este se negaba a firmar la renovación del contrato. Aunque estaban en plena temporada festiva y el asunto podría haber esperado hasta