Natasha se paró a contemplar el paisaje a través de la enorme ventana que ocupaba una de las paredes desde el suelo hasta el techo. Había anochecido hace poco, pero las luces del exterior le permitían ver hacia afuera. Los árboles se balanceaban suavemente debido a la brisa y algunas estrellas adornaban el cielo.
Cerró los ojos y tomó una respiración profunda, dejando que el aroma de la naturaleza invadiera sus sentidos.
—Es un lugar hermoso —comentó.
—Lo es —dijo Domenico, abrazándola por detrá