Domenico observó en silencio cómo Maxim se despedía de Natasha con un cálido abrazo. La cena se había extendido un poco más de lo esperado, habían compartido numerosas anécdotas y lanzado numerosas bromas.
—Nos vemos mañana en la oficina —dijo, acercándose a Natasha para darle un beso de despedida en la mejilla.
—Está bien.
Pudo ver un rastro de decepción en la mirada de Natasha y compartió el sentimiento. Le habría gustado encontrar alguna excusa para quedarse a pasar la noche. No le importaba