Me encuentro en mi oficina, cargado de trabajo y escucho unos sollozos, pero no entran, sé que es mi princesa. Me levanto y camino hacia la puerta y casi se cae, cuando la abrí. Levanta su carita que esta roja hacia mí y sus ojos me enloquecen, haciendo que mi corazón cruja, no hay un día que Zachary no llegue a mi cabeza y está pequeña es su recordatorio, cuanto sufrió esa rubia y yo, solo fui un malnacido.
—¿Qué tienes, Cielo? ¿Por qué llora mi princesa?
Su labio tiembla y levanta sus brazo