Maikol entra en la habitación y su cuerpo se desmorona, la niña que tanto quiere, su melocotón tiene varios aparatos que la monitorean, parece un pequeño ángel dormida.
Se acerca y toma entre sus manos la suya la besa dejándose caer de rodillas al lado de su canilla.
—Te ayudaré a salir de esta oscuridad, en parte tengo culpa—le habla, aunque ella no escucha.
Nadie más que él, sabe lo que duele, un engaño, una mentira y un maldito corazón roto. De esos que te queman, aun así no terminan de inc