Para un alfa, el cuerpo de su omega era un templo, un lugar sagrado que debía cuidar, respetar, amar y valorar. Era donde crecería su descendencia, donde encontraría su lugar de calma y un hogar al cual volver.
Esas eran palabras que había escuchado Lyonhart durante sus años en la guerra. La forma en que aquellos compañeros de luchas hablaban sobre sus parejas lo había hecho querer experimentarlo en carne propia a ver si era verdad que la pasión era tanta. Y no solo por lo que decían ellos. Los