Ashary podía decir, a ciencia cierta, que no había ni una sola parte de su cuerpo que no se estremeció por completo y tembló cuando los colmillos de Lyonhart se enterraron en su nuca hasta las encías. Una mordida profunda, que sin embargo… no dolía. O al menos el dolor se había opacado con las demás sensaciones que atravesaban su cuerpo, como el calor que se extendía desde esa zona hasta cada uno de sus dedos y se desplazaba hacia su vientre donde soltó un gemido. Apretó sus muslos subiendo sus