Una gota de sudor corrió por la sien del príncipe. Si eso quedaba en manos de Ashary, sabía que se le reducirían las horas de sueño. El omega se implicaba cuando se trataba de que él aprendiera algo.
–Vamos a lavarnos y volver, o Charles colapsará si nos demoramos mucho. Por mucha magia que haga al aparecer cada vez que lo llames, no creo que, haciéndolo a esa distancia, pueda volar hasta aquí –escuchó a Ashary, que caminaba con cuidado hacia la orilla.
–¿Quieres probar? –Lyon lo siguió, sonrie