Ashary sentía que cada paso que daba el caballo le llegaba hasta la médula, rebotando por el terreno rocoso e impidiéndole, además, dormir, con lo que le pesaban los párpados. Sus manos se apretaron sobre el vientre de Lyon y gruñó con malestar, su rostro restregándose con molestia en la espalda del alfa. No sabía si habría sido mejor caminar. No era demasiada la distancia entre un afluente y otro, aunque no estaba seguro de si llegaría. Se encontraba especialmente cansado, y con el paso de los