Amatista descansaba en la habitación de Enzo, alejada del bullicio y la tensión que dominaba la mansión. Después del incidente en el campo, se había refugiado en la tranquilidad de esa habitación, que, aunque todavía le resultaba ajena, poco a poco comenzaba a sentirse más como un refugio. Enzo había insistido en que descansara, asegurándole que se encargaría de todo. Mientras él hablaba con sus socios, ella se permitió dejar de pensar en todo lo ocurrido, sumida en un estado de semi-relajación