DAMIÁN
Era un ramo de flores.
Rosas rojas descansaban en el asiento del copiloto, frescas, recién colocadas, como si alguien hubiera querido asegurarse de que fueran lo primero que se viera al abrir la puerta. Durante un segundo sentí el impulso de acercarme, de inclinarme lo suficiente para leer la tarjeta y confirmar lo que ya estaba pensando, pero me contuve. No lo necesitaba. Si alguien le dba flores no debía importarme, pçero lo ue ralmente me descolocaba era que ella intentara seducirme m