—La estás buscando.
Levanté la mirada hacia Ezequiel. No había burla en su voz, tampoco sorpresa; era más bien certeza, como si supiera exactamente qué pasaba por mi cabeza incluso antes de que yo misma pudiera ordenarlo.
—Aquí estaba —añadió, señalando con un gesto leve hacia el suelo—. Justo aquí.
Mi vista volvió a recorrer el lugar, intentando encajar esa información con lo que tenía delante. No había rastro, ni bordes, ni desniveles claros, solo tierra removida, capas recientes.
—¿Qué pasó?