DAMIAN
—De verdad —añadió, esta vez con una leve sonrisa que no alcanzaba a los ojos—, no es necesario.
—Entonces quédate —dijo Sarah con naturalidad—. Ven bebamos y apostemos
Isabella dudó apenas un instante.
Y luego asintió.
Se acercó y tomó otra copa sin pedirla y en cuestión de minutos ya estaba sentada con nosotros como si nada hubiera pasado.
Rió cuando tocaba, respondió con la precisión habitual, yo por mi parte, seguí el juego con Sarah, mantuve la cercanía, le sostuve la mirada más de