HEKTOR
Le di la espalda a Rebeca en la oscuridad de la recámara, sintiendo el peso de su mirada clavada en mí. Cada fibra de mi cuerpo gritaba por girarme, estrecharla y confesarle que el contrato, la película y Berlín podían irse al infierno, pero las palabras de Bruno seguían martilleando mis sienes: "Si confiesas ahora, te va a odiar para siempre". El silencio de la habitación era asfixiante. Escuché su respiración entrecortada, una señal clara de que ella también estaba despierta, procesand