Sara quedó en silencio por un instante, pero enseguida su voz adquirió un tono entrecortado, como si estuviera a punto de llorar:
—Hermano, ¿no lo sabes?
—¡Habla claro! ¿Qué se supone que debería saber? —gritó Carlos, aumentando la presión en su agarre.
Su fuerza me hizo estremecer; sentía cómo comenzaba a lastimarme, pero me mantuve callada, tragándome el dolor. En el fondo, sabía que me lo había buscado.
En mi enojo impulsivo, había ignorado las posibles consecuencias de mis acciones, sin