Capítulo 164
No era un beso, era más bien un castigo que me dejaba sin aliento.

Todo mi alrededor estaba impregnado de un fuerte olor a sangre. No sabía si provenía de la herida de Carlos o de nuestras bocas.

En cualquier caso, era la experiencia más desagradable que jamás había tenido al besar a alguien.

Tan desagradable que, por un instante, tuve una idea absurda y ridícula:

Carlos estaba gastando sus últimas fuerzas para asegurarse de morir sobre mí.

Me había acostumbrado a que siempre me mirara fija
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