De repente, ya no sentí ganas de justificarme.
Explicar sería lo mismo que admitir mi culpa.
Carlos rompió el silencio, y en su tono había una mezcla de herida y reproche:
—Olivia, ¿sabes qué es lo más cruel de ti?
Lo miré, con una mirada tan tranquila que no mostraba ni el más mínimo indicio de emoción.
Si realmente hubiera sido tan cruel como él dice, no estaría aquí, atrapada con él en este espacio estrecho, enfrentándonos.
Carlos sonrió de repente, pero su sonrisa era amarga:
—Lo más